LAPAMÁN

Written by Daniel Rebollo

Tenemos que aceptarlo. Las vacaciones de verano se han terminado. Ya no quedan tardes al sol, sobremesas en las terrazas bajo una sombrilla, no hay olor a crema. Volvemos a colocar el edredón nórdico en la cama, a ponernos un jersey en las mañanas frías de septiembre, a cenar con la luz del comedor encendida. Mientras tanto, en Lapamán, las sensaciones que acompañan a la temporada estival se han quedado atrapadas en un pequeño apartamento rehabilitado por Farnsworht Arquitectura.

El encargo de acondicionar un inmueble levantado en los años 70, con una superficie de 60 m², llegó a las manos de Carolina Domínguez y Rosa del Río. En su anterior vida, el apartamento había sido víctima de la compartimentación a la que tanto estamos acostumbrados en esta tipología de vivienda. Contaba con cinco estancias que privaban de luz y amplitud a todos los habitantes de la casa, además de entorpecer las vistas directas a la ría de Pontevedra. Sólo poseía dos elementos que merecía la pena conservar: una terraza que se alzaba sobre la playa de Lapamán y un elegante suelo de terrazo de granito rosa portugués ejecutado in situ.

Estos dos elementos fueron la clave para comenzar a hilar el proyecto de una residencia de verano para alquilar en periodos vacacionales. “Empujadas por el suelo de terrazo rosa de la vivienda, que nos evocaba a la arquitectura italiana de los años 60-70, decidimos inspirarnos en la obra de Carlo Scarpa y el trabajo de estudios italianos como Marcante Testa, que a día de hoy desarrollan sus proyectos en continuación al estilo definido en su día por Scarpa: una arquitectura que huye del minimalismo, que busca la originalidad, que potencia el color y que disfruta del juego de planos y del uso de diferentes formas geométricas. Por otro, no podíamos olvidarnos de que el apartamento está ubicado en una zona rodeada de vegetación y al lado del mar, por lo que también decidimos combinar esa estética postmoderna de Scarpa con elementos de inspiración natural y artesanal.”, nos explican Carolina y Rosa

Lo primero fue tirar tabiques para unificar salón, cocina y zona de recibidor. Un único espacio inundado por la luz que pasa a través de las grandes cristaleras con las que se amplió la terraza, con acceso directo desde esta nueva estancia. Se mantuvieron los dos dormitorios dobles y se colocaron cortinas interiores que aíslan una parte del salón para acoger a dos personas más.

El diseño interior de la estancia principal se basa en el juego de contraste entre dos materiales y colores: el terrazo rosa en el plano del suelo y el azul oscuro – en referencia al mar atlántico y a la cultura marítima gallega- que se utiliza tanto en el plano vertical de las carpinterías interiores y cortinas, como en el plano horizontal del techo de la cocina.

Se diseña una cocina de líneas rectas y sencillas, de color blanco para no quitar protagonismo a los materiales principales. Una campana exenta de cobre y estantes de madera para colocar el menaje a la vista son los únicos elementos que visten la pared.

En el baño se siguió la línea de los años 60-70 colocando los azulejos de color azul de forma vertical. Se combinan con la base del lavabo y la grifería de color negro para potenciar esta estética. Grandes espejos colocados en la mitad superior de la pared dan amplitud y profundidad al espacio.

En los dormitorios, que no contaban con el terrazo del resto de la vivienda, se instaló un laminado de roble y se utilizó un rodapié en el azul oscuro utilizado para el resto de los elementos de carpintería interior. Se trata de una línea coherente con el resto de la vivienda, pero más comedida.

Aunque el calendario marque el fin de los meses más calurosos del año, seguiremos alargando un poco más la sensación de tener arena en los pies y salitre en la piel gracias a Carolina y Rosa.


Interiorismo: Farnsworth Arquitectura

Fotografía: Roi Alonso

Ubicación: Bueu, Pontevedra

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